miércoles, 27 de mayo de 2009

La pena de René

Por Fede Martinez



Por qué te conocí? ¿Cómo fue que te crucé? ¿Quién fue el cruel que nos presentó? ¿Para qué me diste tanto si me dejaste sin nada?
Si yo tenía todo lo que un hombre puede soñar, fama, dinero, mujeres, gloria, ¿qué más podía pedir?
Era ídolo, genio y figura; los niños me adoraban; los padres me creían el hijo perfecto.
Mis fotos en forma de propaganda empapelaron durante mucho tiempo ciudades enteras, hoy de eso ya nadie se acuerda.
No tenía privacidad, siempre los fotógrafos me esperaban en la puerta de mi casona de tres plantas; a mi me gustaba, aceptaba el juego. Autógrafos aquí y allá, presentaciones en todos los programas de fútbol, gambetas, tacos, goles... ¿dónde quedó todo eso? Mejor dicho ¿en qué momento me lo robaste?
Me sedujiste lentamente, dejaste que te envolviera con mis manos, primero fuiste mi amiga, después me hiciste creer que eras la mujer de mi vida siéndome incondicional, siguiéndome a todos lados, de local o visitante, viajando a mi lado, siempre a escondidas.
Nuestro amor era prohibido, no podía ser; pero yo tan enamorado de tu cintura, nunca te pude dejar.Más de una vez te di la espalda, pensando que te podía olvidar, pero vos siempre tan insistente, me hiciste tropezar hasta rendirme a tus pies perdonándote una y otra vez.Atrás me hiciste dejar mis 15 campeonatos ganados en Boca, Racing, Lanús, Inter de Milán, Sevilla y Zaragoza. Mis goles de rabona, las millonarias ventas al exterior y mi conducta intachable me llevaron a jugar con los más grandes de la historia del fútbol internacional. El mundial con la selección, en el que toqué el cielo con las manos cuando convertí el gol de la victoria en la final contra Francia coronándonos así campeones regresando con la ansiada copa que tantas veces nos fue negada.¿Cómo hiciste para destruirme tan pronto?
Por tu culpa me escapaba de la concentración para encontrarte en cualquier esquina, de cualquier calle, de cualquier lugar. ¡Qué fácil era tenerte… qué difícil poder dejarte!¿Te acordás? Por quedarme esa noche entera con vos en el bar de Luigi, al otro día me comí un gol sólo debajo del arco, tenía que empujarla nomás. Me hiciste perder la final de la copa Italia, la que hacía 20 años el Inter no ganaba. Todo por tu culpa, por amanecer abrazados, por regalarme tu cuerpo haciéndome perder los reflejos.
De a poco hiciste que la gente me esquive; ni el club que me vio nacer y al que tantas alegrías le di me aceptó en sus filas; decían que era mal ejemplo. ¿Yo, mal ejemplo? ¿Desde cuándo? Ah sí, desde que te conocí a vos, ¿cuándo más?
Perdí todo lo que tenía, los departamentos de la 9 de Julio, las casas en Palermo, el BMW y el Alfa Romeo que me traje de Europa, ¡todo! ¡Cómo me llevaste a la miseria!Me habías prometido una mejor vida. ¡A mí! A mí que lo tenía todo, ¡cómo me mentiste y qué iluso fui al creerte!Hasta la Silvita se me fue para siempre, llevándose a mi único pibe, no me dejó nada, ni una silla para sentar a mi soledad.
Pero vos estabas contenta, decías que eso iba a afianzar nuestra relación, conseguiste lo que querías, que fuera sólo para vos, todo tuyo. Claro, así ya nadie nos iba a separar, éramos el uno para el otro.
Pero desde hoy dije ¡basta! ¡se terminó! Hasta acá llegó mi amor, no resisto un sólo beso más de tu venenosa boca, esa que me llevaba las gambetas con sus labios. Me dejaste sin vida, gracias a vos todo lo perdí de a poco, no puedo esperar nada de nadie, nada más que me llegue la muerte, a la que me guiaste de tu mano y yo tan estúpido y ciego fui con tal de estar a tu lado. Maldita botella de alcohol, mirá lo que hiciste de mí… ¿No te da pena que muera por ti?






Gracias Jesus y toda la gente del Atlas de Mexico por la buena onda y el empujen que nos dan. http://atlas.com.mx

2 comentarios:

Rodrigo dijo...

Simplemente la forma en la que escribes, el poder hacer de futbol en una forma tan eloquente que te toca, te enchina la piel y humedece los ojos. Me alegra que pongas tus cuentos en el atlas, es lo que nos hace sentir ese equipo.

Rodrigo dijo...

quise decir hablar en vez de hacer.