domingo, 6 de julio de 2008

feria del libro

Panel con las obras del Seba montado durante la presentación de Alejandro Fabbri.

Dos potencias se saludan!...Fede junto a Alejandro Fabbri

lunes, 23 de junio de 2008

ULTIMA SEMANA!!!

Ultima semana de lo que el futbol se llevó!!!...de 8 a 12 y de 15 a 19hs...en el Museo de Santo Tomé (Libertad y Sarmiento)

sábado, 31 de mayo de 2008

viernes, 4 de abril de 2008

En las buenas y en las malas



EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS (cuento de futbol)

por Fede Martinez, ilustración Seba Farias

_No estoy llorando! ( le dije a mi vieja )
_Vamos Rubén, te conozco demasiado. ( me contesto )
_Es que me entró un bicho en el ojo y solté un par de lágrimas, nada más.
_¿Y los mocos que se le están cayendo? ¿Qué?¿ el bicho le aflojó los chocolates?. Ahhhh, ya entiendo, se peleó con la Sandrita.
_No vieja, no me joda, ¿acaso no escuchó la radio? Me va a decir que no sabe que descendimos? Que nos fuimos a la B, que el próximo torneo no jugamos contra Boca, River, San Lorenzo, contra los grandes de verdad. ¿Adonde vive usted?
_¿Pero por eso llora? No sea abombado hombre...
_Discúlpeme mi tata, déjeme sólo...
Y ahí quedé, tirado en la cama, culo pä rriba, mirando el poster del chimpancé con la camiseta de Alumni (ese poster lo tienen todos, lo único que cambia es la camiseta, mono traidor, se pone cualquiera) y apretando mi almohada mientras derrama un llanto que aliviaba mi angustia.
Todavía me retumbaba en la cabeza ese último pelotazo que se estrelló en el travesaño y, que si hubiera entrado, cambiaba la historia. Recordar el rostro desfigurado de dolor de toda la gente que llenó la cancha ( como siempre ) cuánto desconsuelo...
El saber que nuestro clásico rival se quedaba en primera y nosotros otra vez a remarla en Torneo Nacional de Ascenso. Aguantarme las cargadas del " Pelado " Duarte, soberbio hincha del rojo de Avellaneda y enemigo íntimo de los equipos chicos, porque decía que le quitaban espectáculo al fútbol de jerarquía.
¿Pero a quién le ganó este gil? él porque no sabe lo que es pelearla desde abajo. Si tampoco festejaba los campeonatos de Independiente porque " ya estaba acostumbrado a ganar", ¡que fanfarrón!
Mientras que a mí se me había caído el mundo en un cabezazo al ángulo que "Pipo" Marconeti no pudo atajar. Lo único que quería era dormir y despertarme cuando empezara el torneo de la divisional de ascenso que era en dos meses.
Encima, lo tenía a mi viejo en el hospital, internado por un pre infarto leve.
¿Cómo carajo hacía para contarle que perdimos? y, por ende, el descenso directo. No se lo podía ocultar, yo sabía que cuando me viera lo primero que me iba a preguntar era el resultado del partido.
Me faltaban tres horas para ir a verlo, y todavía no lograba levantarme de mi cama debido a mi angustia. Pero no podía fallarle a mi papá, era injusto pobre, gracias a él conocí lo que es la pasión por un club, no le podía pagar de esa manera.
Practiqué durante media hora la mejor forma de decirle las cosas, para que no lo tome tan mal, nunca supe cuál sería. Entonces agarré la campera de cuero negro que estaba colgada en el respaldar de la silla, sequé mis lágrimas con un pañuelo, azoté la puerta y me fui a la parada del 46 q me dejaba a una cuadra del hospital español.
Durante el viaje, intenté dormir un poco, pero cada vez que cerraba los ojos me aparecían imágenes del partido, flashes, recuerdos...tristes recuerdos.
Me levanté de mi asiento una cuadra antes de la parada y una vez que descendí del colectivo, mejor dicho, que bajé del colectivo, me imaginé la cara que podría llegar a poner mi padre con la noticia, y verdaderamente me asusté. Me quedé parado... sin saber q hacer... medité durante unos segundos, respiré hondo, tomé coraje, y me largué a caminar esos 100 metros que me quedaban, prácticamente a los empujones.
Al entrar al hospital y saludar a la Sra. de la entrada ( que por cierto debe haber sido hincha de Alumni por la tristeza que tenía en su rostro) me dirigí hacia la habitación nº 18 donde estaba "el gordo" Mandurga, mi viejo.
Sin hacer nada de ruido entré a verlo y al darme cuenta que estaba dormido, me quedé un poco más tranquilo porque aún no tenía que decirle nada. Me senté en una silla que había a su lado y al sacarme la campera, no vá que el cierre pegó sobre la pata de hierro y ese simple ruido hizo que se despierte.
Medio dormido todavía me dijo:
_Hola Rubencito. ¿Y? ¿Ganamos?¿ Nos quedamos otro año en primera, no?
_Hola papá (atiné a decirle tartamudeando)
_Que tanto hola, contestame...
Me quedé helado, un sudor frío comenzó a recorrer todo mi cuerpo, no sabía que decirle, sólo agaché la cabeza.
_Ahgg, deja nomás, no me digas nada con la cara que pusiste seguro que descendimos, ¡puta madre carajo!
¡La cara que tengo que haber tenido para que sólo se diera cuenta! Pasa que era así, no lo podía ocultar y menos a un tipo que me conoce tan bien y que siente lo mismo que yo, era imposible.
Lo miré a los ojos y ya más tranquilo me dijo...
_Y bué, que vá a ser, ya vendrán tiempos mejores. ¿Sabés los descensos que tengo en el lomo yo? Con este es el quinto. ¿Y sabés una cosa? Fueron las únicas veces que lloré de verdad, con sentimiento y dolor. ¿O acaso vos no lloraste?
_Claro pá, como no voy a llorar...
Tomó mi mano, la apretó fuerte y se suscitó una charla que comenzó de esta manera...
_Muy bien hijo, te felicito porque hoy conociste el amor, el amor a los colores, a la camiseta, al barrio, a la enseñanza que nos dejó el abuelo.
Esto es amor, amor sincero, puro, verdadero que sólo el fútbol te puede dar. Porque más de una vez te vas a pelear con el mundo con tal de defender este sentimiento inexplicable, que sólo vos entendés.
Es el único amor que nunca, ni por nada, ni por nadie lo vas a cambiar, es fiel de verdad.
Porque naciste y vas a morir hincha del club que elegiste, por éste amor das todo, sin pedir nada a cambio, porque siempre lo vas a querer, aunque desciendas, pierdas campeonatos o lo que sea, siempre vas a estar ahí; alentando, puteando, llorando ya sea de alegría o tristeza, será la herencia que vas a recibir y la que vas a dejarle a tus hijos.
Es así pichón, no hay vuelta de hoja.
Después de escuchar esas palabras sentí un gran alivio, por la forma en que me habló y cómo lo había tomado. Al final lo tenía más claro que yo al tema.
Que grande el gordo... infartado y todo... me seguía dando sus enseñanzas y por si fuera poco me explicó lo que es el amor y recién en ese momento entendí lo que era.
Hoy miro para atrás y pienso lo lejos que quedó ese momento en mi vida, ya han pasado 10 años de aquel 15 de diciembre de 1988.
Gracias a Dios este presente es totalmente distinto, todavía estamos festejando otro nuevo ascenso. Después de tantos años de frustración y tras dos finales perdidas.
Es por eso viejo, que mientras en una mano tengo tu foto y en la otra llevo en brazos a mi primer hijo, para que de chico sepa lo que es esto, es que damos la vuelta olímpica juntos, solos los tres, con el sol de invierno a punto de caer... es una hermosa postal, ojalá estuvieras acá con nosotros para compartirlo.
Pero no te preocupes, porque se que allá a lo lejos y con el abuelo estás festejando éste nuevo logro, y quedate tranquilo que ahora me toca a mi inculcarle a mis hijos el amor por nuestro querido Alumni.
SALUD CAMPEON. HASTA SIEMPRE.


martes, 11 de marzo de 2008

se viene la muestra...

MAYO 2008 Muestra de "Lo que el fútbol se llevó" pronto más info...

(diseño de logo Fede Supertino)

miércoles, 27 de febrero de 2008

Los ángeles de Paco


Los ángeles de Paco (cuento de fútbol) por Fede Martínez, ilustración Seba Farias

Los que saben, dicen que jugador de fútbol se nace, no se hace. Será por eso que a Rafael "Paco" Redoni siempre le costó más que a nadie llegar a jugar como titular.
El pibe era arquero, bastante flojo y aunque le ponía empeño para mejorar nunca le alcanzaba. Siempre recuerdo el día que faltó el "flaco" Giménez, nos comimos ocho gracias al joven manos de manteca Redoni.
Pienso que estaba en el equipo porque era buen tipo, siempre era el primero en la fila a la hora de correr, alentaba a sus compañeros permanentemente. Se mataba practicando como si iría a jugar el sábado, pero sabía que le era muy lejana esa posibilidad.
Así y todo jamás faltó a un entrenamiento, llegaba antes que todos y se iba último!
Un día, yo como periodista de una radio local, le hice una pequeña entrevista en la que indirectamente le decía que ya era hora de que se alejara de las canchas, que le dé lugar a los de abajo; Paco me miró, sonrió y me dijo de manera certera... "por mí no te preocupes, algún día me llegará la gloria..." y se fue caminando despacio, silbando por lo bajo y con la frente siempre alta, quizás sabiendo que eso era imposible, por lo menos era lo que yo pensaba.
Ya habían pasado casi tres años de estar todos los partidos en el banco de suplentes del Sportivo San Martín, esperando siempre su oportunidad para ir al arco.
Yo siempre pensaba, pobre Rafael, ni los Santos ni los ángeles se acuerdan de este pobre tipo para regalarle un milagro... pero no... a veces los milagros existen y se pueden ver.
Hubo un partido que fue inolvidable para la retina de mis ojos: la última fecha del regional contra Atlético Urquiza, estábamos punteros a dos unidades del segundo que era nuestro clásico rival, con el empate éramos campeones, ¡¡¡sí, campeones después de 12 años de sequía!!!
El estadio de Sportivo hervía, 5000 personas se dieron cita para ver el partido; hasta el gobernador y su familia estaban sentados en la platea, no faltaba nadie. Se me pone la piel de gallina con el sólo hecho de cerrar los ojos y recordarlo...
Ganábamos 1 a 0 con gol del "chamaco" Elías, cuando el mejor jugador de ellos, de apellido Marasca, nos clavó un cabezazo al ángulo, certero, inalcanzable para nuestro portero. Para colmo de males, se nos lesiona nuestra estrella y carta de gol, el "tanque" Vargas...
Nuestro DT se dio vuelta, miró hacia el banco de relevos, señaló a Paco, lo llamó y le dijo... "cambiate de camiseta, ponete la 16, entrá y llenate la boca de gol...". Rafa quedó atónito, pero no podía hacer nada; él lo que le pedían hacía, era muy respetuoso en ese sentido, y ahí nomás se mandó para la cancha casi sin entender nada, pero contento por la oportunidad y confianza entregada.
Qué locura, pensé, poner a un guardametas de atacante, a un tipo que hace años que no toca una pelota ni con la mano, menos lo va a hacer con el pie.
Un poco más tranquilos y con el partido casi terminado, todos empezamos a festejar antes de tiempo, cosa que recomiendo nunca hacer…
En una jugada confusa, donde tiramos mal el achique, un delantero contrario queda mano a mano con nuestro portieri, el que le comete un penal evidente que nos hizo temblar a todos, y no sólo eso, sino que también fue expulsado por ser último hombre...
Paco en el centro del campo, no entendía nada, miraba sin ver para todos lados, hasta que sintió una dulce voz que le decía… "Lo tuyo es el arco, andá, nosotros te apoyamos..."
Paquito desató una carrera loca hacia donde se ubicaba el utilero para robarle el buzo y los guantes que le pertenecían después de tanto tiempo, para luego caminar lentamente con destino al arco que tanto extrañaba.
A más de uno lo vi retirarse con la cabeza gacha pensando que sería otro año sin títulos, lo confieso, yo también me quise ir, pero en el momento recordé lo que me había dicho Rafita, eso de la gloria y que se yo qué más.
¡Qué tarado soy!, pensé, si éste está más piantado que yo, encima el penal lo pateaba el "látigo" Ferreira, que nunca erraba, ni con los ojos vendados.
Redoni estaba confiado, pero a la vez se sentía como un rehén a punto de ser fusilado. Cerró los ojos, miró al cielo, se persignó y esperó hasta que el "látigo" sacara su remate con destino de red seguro.... si no fuera porque Paco logró desviar el balón con la punta de su botín izquierdo, mandándola al tiro de esquina, que nunca pudo realizarse porque el árbitro dió el pitazo final para alegría de todos los que estábamos presentes.
La gloria le había llegado, sin saberlo, pero siendo esperada en algún momento, era el hacedor de la hazaña de todo un pueblo, el héroe de las historietas, el sapo que se convierte en príncipe, el tipo que pasó de la oscuridad a la luz eterna en pocos minutos.
Una vez terminados los festejos y un poco más relajados de tanta algarabía, nos cruzamos en el túnel de salida, nos fundimos en un fuerte abrazo de amigos, y palmeándome la espalda me dijo... "viste, te dije que un día la gloria me iba a llegar, ¿sabés porqué? Porque nunca me olvido de mis ángeles, sé que ellos me cuidan y ayudan en todo momento, porque ese penal no lo hubiera podido desviar si ellos no hubiesen estado conmigo en ese momento. Te confieso algo, ese penal lo atajamos tres personas, mi hijito, mi hermano más chico y yo. Por eso nunca, te olvides de tus angelitos porque siempre están..."
Y se marchó... con su bolsito a cuestas y lleno de felicidad, no por ser el héroe ni por ser el nuevo ídolo, sólo por haber sentido cerca de él a sus fieles angelitos.